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¿Están nuestros alumnos motivados?: 15 + 15 tips que favorecen la motivación en el aula ELE (II)

¿Están nuestros alumnos motivados?: 15 + 15 tips que favorecen la motivación en el aula ELE (II)

Seguimos con nuestros tips para conseguir una mayor motivación e implicación de los alumnos en nuestra clase de ELE. Ya vimos algunos consejos y recomendaciones en el post anterior: Estrategias que tenían que ver con la variedad de la sesión en el aula, la negociación con nuestros alumnos, el diálogo intercultural, la contextualización a la hora de presentar el nuevo lenguaje, la empatía… ¿Recordáis? 

Os invito a que volváis a leerlos y añadáis estos otros 15 tips que vamos a abordar en el día de hoy.

Vamos con estas 15 nuevas tips:

1. Sugerimos variedad en cuanto a agrupamientos se refiere: unas veces, que nuestros alumnos trabajen solos funciona muy bien (necesitan concentrarse en algo de forma individual, leer un texto, por ejemplo); otras, el trabajo en parejas (con un vacío de información, un cuestionario, etc.), es la mejor opción; o en pequeños grupos (en un rompecabezas, haciendo un dominó…), o en gran grupo dirigido por ellos mismos (busca a alguien que…, un role-play) o dirigido por el profesor (en un debate, quizás). 

Un agrupamiento para cada ocasión fomentando que todos trabajen y se relacionen con todos en la medida de lo posible. 

El tipo de agrupamiento va a depender de la actividad en cuestión, de los estilos de aprendizaje de los alumnos, de los objetivos que persigamos y también, cómo no, del grado de afinidad y complicidad de nuestros alumnos entre sí. Yo prefiero fomentar las relaciones a nivel general, pero también os digo que evito forzar situaciones y si un grupito o una pareja funciona fenomenal, pues a lo mejor no cambio tanto. Vosotros mismos.

¡Ah! Y tened en cuenta que los agrupamientos sean equilibrados.

2. Hilando con lo anterior, el que fomentemos estos tipos de agrupamientos y trabajos en común va a favorecer muy mucho que aumente el clima de confianza y cohesión grupal. Crear un grupo unido, que participe, que sea tolerante, que tenga sentido del humor…; un grupo en el que se escuchen unos a otros, que muestre una actitud positiva hacia sus compañeros y hacia la lengua que están aprendiendo… es el sueño de cualquier profesor de ELE y la buena noticia es que nosotros, como docentes, tenemos en nuestra mano, en gran parte, que esto llegue a suceder. 

Un buen grupo influye en la motivación de los alumnos y en su rendimiento. Desde el primer día de clase, llevamos al aula actividades y dinámicas en las que los alumnos puedan interactuar, hablar sobre sí mismos, sobre sus gustos, sentimientos, experiencias, dar sus opiniones… 

Dedicar tiempo, sobre todo al comienzo de un nuevo grupo, para que se conozcan y se relacionen es la mejor inversión que podemos hacer porque va a redundar directamente en una mayor motivación de los alumnos y, por ende, en un beneficio para nosotros: el buen ambiente de la clase facilitará enormemente nuestra labor docente.

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3. Favorecer y potenciar la autonomía del alumno y su responsabilidad a partir del desarrollo de estrategias positivas de comunicación (aprender a comunicarse mejor) y aprendizaje (el aprender a aprender). Los estudiantes son, claro está, ciudadanos del mundo; traen un bagaje de información  importante al aula; la mayoría de ellos han aprendido un idioma o varios, o por lo menos han aprendido el suyo (como yo). 

Vamos a “elicitar” sus conocimientos previos y vamos a potenciar e incentivar sus capacidades como aprendientes de una lengua extranjera

Hacemos hincapié en la utilización de mecanismos no lingüísticos (dibujos, símbolos, gestos, sonidos para hacerse entender o aprender palabras nuevas), en el uso de términos o expresiones aproximadas, en echar mano de circunloquios, en deducir el significado de las palabras de un texto oral o escrito por su contexto, en repetir enunciados tipo para aprenderlos y utilizarlos con eficacia, en pedir al interlocutor que repita o escriba la información que no se ha entendido… 

El objetivo de las estrategias de comunicación empleadas por un estudiante de español como lengua extranjera es superar sus propias limitaciones a la hora de expresarse en esa lengua.

Llevemos pues actividades a clase que hagan al alumno ser cada vez más autónomo en su proceso de enseñanza/aprendizaje (capacidad de seguir aprendiendo fuera del marco de la instrucción), así como responsable de sus progresos.

Cuando los alumnos sienten que son conductores de su propio aprendizaje aumenta su motivación hacia el mismo.

4. Dentro de un clima afectivo y de confianza propiciado por nuestra gestión en el aula de ELE, el cometer errores se vive como algo natural y para nada traumático. ¡Qué vergüenza sentíamos a la hora de ponernos a hablar en la clase de idioma extranjero!, ¿verdad? ¡Qué sudores! ¡Qué ansiedad, oye, con los phrasal verbs! Parecía como si nos estuvieran mirando con lupa y cualquier error lo vivíamos como un fracaso. Por eso, no nos atrevíamos a abrir la boca. El error estaba completamente estigmatizado.

Como profesores de ELE podemos ayudar a crear un clima distendido, afectivo y relajado donde el estudiante se sienta confiado y participe arriesgándose sin miedo a cometer errores (ya sabemos que sin errores, no hay aprendizaje). También está en nuestra mano valorar en qué momento y de qué forma abordamos positivamente el error sin dañar la confianza del alumno.

Es importante que “los alumnos se sientan a gusto mientras dan sus primeros pasos en el extraño mundo de una lengua extranjera. Para conseguirlo, hay que crear un clima de aceptación que estimule la seguridad en sí mismos y les anime a experimentar y descubrir la lengua meta, permitiéndose correr riesgos sin sentirse avergonzado” (Dufeu).

5. Fomentar el aprendizaje cooperativo. Llevar al aula tareas que desarrollen el trabajo en equipo. Todos aprenden de todos, todos se ayudan entre sí: la tarea se culmina con éxito con el trabajo de todos los integrantes del equipo, cada miembro es responsable de su porción de trabajo y del resultado final. 

Se aprenden contenidos y se aprenden, muy importante, actitudes

¿Qué tal sugerir una escritura colaborativa?, ¿o resolver un jigsaw?, ¿o decidimos por equipos elegir qué cinco cosas nos llevaríamos a una isla desierta de entre una lista dada por el profesor y luego lo ponemos en común?, ¿o qué os parece ordenar los siguientes momentos de la vida: casarse, enamorarse, tener un hijo, conocerse bien, divorciarse, salir con alguien? (complicado ponerse de acuerdo, ¿eh?). Si no salen discutiendo, la cosa dará muchísimo juego en el aula.

En el aprendizaje colaborativo, no se trata únicamente de agrupar a los alumnos, sino de organizar la actividad de tal manera que sea imprescindible la participación de todos para llevarla a cabo con éxito.

6. Recordad poner siempre en común los resultados de las actividades de conocimiento personal. Ya hemos comentado que resulta motivador llevar a la clase diferentes dinámicas en las que el alumno pueda hablar de sí mismo.

Por supuesto, el objetivo final es que esa información se comparta entre toda la clase: ¿Así que a Michael le gusta que le rasquen la espalda y Mary no soporta la impuntualidad?... ¿Que lo que más te gustan son los amaneceres?... ¿Y a ti, el rosbif con patatas, Andy? Pues a mí, donde estén unas buenas lentejas... Y además lloro con muchísima facilidad… Oye, pues para mí la persona más importante de mi vida es… Yo lo que más deseo… La verdad es que hoy me encuentro triste y he llegado tardísimo porque mi hijo me ha preguntado que cuándo vuelvo y no he sabido qué contestarle... 

Zig Ziglar, uno de los más prestigiosos expertos en motivación del mundo decía que “estar motivado es sacar lo que está adentro”.

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7. Cuidamos, mimamos, las retroalimentaciones que ofrecemos a nuestros alumnos una vez finalizada la tarea para que resulten motivadoras. ¿Qué feedback reciben por nuestra parte? ¿Resulta sugerente? ¿Proporciona información suficiente al alumno para que pueda corregir sus errores? ¿Aporta soluciones? Los mensajes que reciben nuestros alumnos por nuestra parte deben ser eficaces, motivadores y estimulantes. 

Una crítica constructiva desde el afecto es un regalo. 

Entonces… prestamos mucha atención a los mensajes que damos a nuestros alumnos porque si son adecuados, van a favorecer enormemente su motivación y autoestima.

8. Alabamos de forma explícita, e individualmente, los logros y progresos de nuestros alumnos, evitando la comparación con los demás y poniendo el listón a una altura diferente para cada estudiante: valoramos el esfuerzo de cada alumno en particular y su proceso de aprendizaje, sin fijarnos solo en el resultado (realmente, cuando esto sea posible). 

Hablamos de sus éxitos y, como hemos mencionado antes, de cómo manejar sus errores. 

No puede ser valorado de la misma manera el esfuerzo que hace un italiano o un brasileño para aprender español que el que hace un japonés, un coreano o un escocés. Por eso es transcendental que ayudemos al alumno a establecer metas realistas y adecuadas de aprendizaje: ni demasiado arriba, ni que se queden escasas, que también existe, claro. 

Hablando de los progresos, me gusta mucho esa práctica de primer día de clase en la que los alumnos tienen que escribir en una cartulina en blanco las palabras que saben, el conocimiento en el idioma que traen. Es una práctica muy maja para un grupo de principiantes. Al cabo de unas semanas, se saca la misma cartulina para que los estudiantes comprueben sus progresos. Lo podemos llamar “¡Cuánto sé!”. 

9. Realizamos evaluaciones sobre el progreso de los alumnos. Les informamos de sus éxitos, de sus avances, de sus logros, de los obstáculos que han superado… también de sus errores, de lo que aún tienen que mejorar… y, por supuesto, de la forma más conveniente para lograrlo. 

Yo huyo de las calificaciones por definición (me viene del “4 a cuestas” que llevaba siempre en matemáticas), pero si no hay más remedio, las acompaño de una nutrida información acerca de las diferentes vías de actuación que sirva al alumno para progresar y no quedarse estancado. Las bajas calificaciones pueden desmotivar al alumno y provocar que poco a poco pierda el interés por lo que está aprendiendo. Nuestras sugerencias y nuestra ayuda son de vital importancia en este momento de mayor vulnerabilidad.

10. Fomentamos la autoevaluación positiva de los progresos del alumno, imprescindible para su autonomía de aprendizaje y el mantenimiento de su motivación hacia el mismo. El alumno se pregunta y contesta a cuestiones como ¿Qué necesito mejorar?... ¿Cómo puedo hacer para conseguirlo?... Ya puedo... Aún tengo que… Conocéis el Portfolio Europeo de las Lenguas, ¿verdad?

11. “No puedo”, “no se me da bien”, “no valgo”, “esto no es lo mío”… Creencias que tienen algunos alumnos sobre su competencia lingüística. A esto lo llamamos “autoconcepto”. En mi caso, mi autoconcepto como aprendiente de una lengua extranjera era pésimo y creedme… casi sigue siendo el mismo (más o menos al nivel del de “montadora de estanterías de Ikea”) :) 

Se trata de creencias negativas, posiblemente basadas en experiencias pasadas, que se instalan en nosotros y que nos dificultan enormemente el aprendizaje en cualquier área o esfera de nuestras vidas. 

Hay una frase que me da muy buenos resultados repetirme: “Tanto si crees que puedes como si crees que no puedes, tienes razón”. 

Nosotros, como profesores de ELE, podemos ayudar a cambiar estas creencias dando confianza y seguridad al alumno para que pueda confiar en sus posibilidades y alcance más fácilmente sus objetivos. 

Para ello, llevamos a clase actividades que potencien el sentimiento de autoestima y autoeficacia del alumno y lo  hacemos lo mejor posible, procurando conducir estas creencias negativas hacia otras más realistas y positivas. Si lo intentamos, seguro que conseguiremos muy buenos resultados.

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12. He descubierto una teoría que me encanta, “la teoría de las atribuciones”: Lo que consideramos que son las causas de nuestros éxitos y fracasos pasados afecta a nuestras expectativas y a través de ellas a nuestro rendimiento. 

Es una teoría nombrada por autores expertos en técnicas motivacionales como Weiner, Dörnyei o Gardner.

Entonces, facilitamos a los alumnos mensajes en los que la falta de éxito en el aprendizaje se atribuya a causas variables y controlables: a un esfuerzo mejorable o al desconocimiento de estrategias adecuadas, y no a la falta de aptitud lingüística. El mensaje que damos es que nuestros alumnos tienen en su mano controlar sus progresos, y les animamos a atribuir el éxito en el aprendizaje y los logros obtenidos al esfuerzo realizado y a la perseverancia.

¿Quieres decir que la estantería de Ikea de la semana pasada que aún tengo sin montar, si me esfuerzo, voy despacito con las instrucciones, pido ayuda cuando me trabuque, hago dos o tres más cuando termine esta y tengo confianza en mí y en que lo voy a conseguir, al final lo haré? Bueno, eeh… ¡qué preguntas más difíciles me haces! :(

13. Fomentamos el desarrollo de las diferentes habilidades de los alumnos y hacemos que las demuestren en la clase. Damos a cada alumno su parcela de protagonismo en lo que realmente se la da bien, aunque “lo que se le dé bien” esté más allá de objetivos meramente lingüísticos. 

Llevamos pues al aula actividades que contribuyan a destacar las habilidades personales de cada alumno. Preparamos cositas para David, que dibuja estupendamente. Nos acordamos de las dotes para el role-play que hemos vislumbrado en Jackie. A Mamadou las formas del pretérito perfecto simple se le dan regulín, pero cómo baila mi chico. ¿Y te has fijado cómo canta Adriana la canción de “Resistiré” del Dúo Dinámico? (perfecta para la práctica del futuro y para, de paso, subir la moral). 

Vamos a darles el testigo del protagonismo para que puedan manifestar sus habilidades “en lo que sea”. 

Hay una práctica que me gusta mucho al hilo de esto y es que se pongan en círculo, tiren la pelota a un compañero y digan un comentario positivo del mismo o de algo que lleve puesto. La persona que recibe la pelota y el comentario, tiene que responder. Me gustan los pendientes que llevas, Fatma. ¿Sí? Los compré en mi país, hace unos meses, en un mercadillo, me recuerdan mucho a mi gente; ¡Tú, Leo, qué bien escribes en español! Bueno, sí, lo que más me gusta es escribir… Es una práctica que me encanta porque es muy afectiva y “hace grupo”. La llamamos “Ronda de comentarios positivos”. 

También me da muy buenos resultados proponerles que recopilen información sobre un tema determinado y luego lo expongan públicamente en clase, sobre todo si el tema tiene que ver con “algo suyo”. 

14. Descubrir qué conocimiento previo del contexto cultural exigen algunas de las actividades que proponemos para la clase de ELE. En ciertos contextos conviene que seamos muy cuidadosos con las tareas que presupongan que todos los alumnos comparten esquemas cognitivos que los occidentales damos como universales. 

Me explico: proponemos un test de respuesta múltiple, que a nosotros, “los occidentales”, nos parece de lo más normal y resulta que nuestros alumnos, o algunos de ellos, nunca se han enfrentado a esta técnica. O con nuestra buena intención les decimos que pongan en un árbol genealógico a sus familiares, y no saben por dónde empezar, aunque se sepan perfectamente el vocabulario de la familia. 

Hacer recaer el éxito de una actividad en el conocimiento previo de una determinada técnica puede ser resultar altamente desmotivador. Seguro que estamos atent@s.

15. Invertimos tiempo y esfuerzo en auto-observar y evaluar nuestra propia actuación en el aula para mejorarla siempre. 

Recoger por escrito esos mensajes que ofrecemos a nuestros alumnos después de finalizar la tarea, o trabajar cualquier tema relacionado con la gestión del aula que hemos ido mostrando a través de este artículo, va a redundar positivamente en un incremento de la motivación del alumno. Y un alumno… y un grupo motivado… es un regalo para todos.

Espero que algunas de estas recomendaciones os resulten útiles para vuestras clases.

¡Gracias por compartir!

Licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. Volcada desde siempre en la enseñanza del español como lengua extranjera. Cofundadora de la escuela y editorial “Acento Español”, especializada en cursos ELE y en la edición de manuales para aprender español. Autora del método “Sueños de Colores”, nivel A1, español como segunda lengua. Formadora de profesores en los últimos años y entusiasmada con compartir su experiencia con todos vosotros a través de este blog. Viajera incansable y amante de las cosas sencillas.

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